
Casa Pedona
Esta es la historia que dio impulso a Casa Pedona, al redescubrimiento del "scoppolato di Pedona". A mediados del siglo XIX, Giobatta Pacini, terrateniente de Lucca, decidió comprar un gran rebaño de ovejas para que pastaran en las tierras altas de Seimiglia, confiándolo a un pastor: Tristano da Pedona. De vez en cuando, Tristano se desplazaba a Lucca para llevar el queso de oveja que producía, siempre de escasa calidad. Un hecho inexplicable. Tras una reverente "scoppolata" (la inconfundible gorra, la "coppola", caracterizaba a Tristano), le confesaba a Pacini que aquel queso no era lo que esperaba. "¡Quizá sea la hierba que comen las ovejas!", se justificaba, pero había un secreto. Tristano compraba leche de vaca a un campesino vecino y la mezclaba con la de oveja, obteniendo así suficiente leche de sus ovejas para elaborar, por su cuenta, un queso pecorino puro, aromático y sabroso, que escondía dejándolo madurar en una gruta. Quién sabe cómo, el hombre de Lucca intuyó que detrás de aquel queso de escasa calidad había un misterio que debía resolverse. Mandó llamar al pastor, que, tras la habitual "scoppolata", reiteró que si el queso no era muy sabroso, la culpa no era suya. Ante esta respuesta evasiva, una mañana, sin decir nada, Giobatta subió al redil de Tristano y se lo encontró cuando salía de una gruta. Al verlo, el pastor palideció y saludó al patrón con la habitual "scoppolata", pero Pacini lo empujó al interior del recoveco, donde se respiraba un buen aroma a queso. En un nicho, envueltas en paja, había decenas de piezas de queso. Giobatta, con un cuchillo, cortó una pieza y extrajo del interior una lasca: ¡un sabor inigualable! Llegado ese punto, el pastor tuvo que confesar su fechoría. "¡Qué scoppolato di Pedona ni qué niño muerto!", exclamó furioso Pacini. Y masticando aquel sabroso trozo de queso añadió: "No eres una persona educada que se quita la gorra delante del patrón. Eres un bribón. Pero a partir de ahora producirás este queso y lo conservarás para su maduración en el nicho de la gruta. Para mí, por supuesto". Pasada una decena de años, Tristano dejó de hacer la "scoppolata". Un infarto se lo llevó al otro mundo y con él terminó la producción de este queso inconfundible. ¡Hoy lo he redescubierto yo, Gabriele Ghirlanda, cuando la pasión consigue crear productos únicos!